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Energía, carácter y sociedad

5. La degradación de la vida

No es fácil encontrar el lugar de la salud, pero no se gana nada ocultando que la especie humana se encuentra en peligro y sus causas constituyen el cultivo de la mayoría de sus enfermedades actuales. Puede tenerse la sensación de que se han logrado gigantescos avances, por ejemplo en el aumento de la expectativa de vida o en las técnicas diagnósticas y terapéuticas. Es cierto que el promedio de vida global se ha incrementado, aunque es discutible el aporte real de la medicina: más que las vacunas y los antibióticos, pareciera que la masificación de alimentos poco nutritivos y el mejoramiento de algunas condiciones medioambientales (tratamiento del agua, eliminación de excretas y basura) han logrado esa diferencia. Es cierto que se ha profundizado en el conocimiento de los mecanismos característicos de algunas enfermedades, pero esto no ha implicado verdadera capacidad para enfrentar esa problemática, como sucede en el caso del cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Sólo se ha logrado un paliativo sin esperanza de solución, salvo si ustedes leen el diario de hoy: allí les mentirán como todos los días, prometiendo que está por lograrse la cura definitiva de todas y cada una de las enfermedades.

Es muy difícil encontrar verdades sólidas en biología, medicina y psicología cuando se busca en lugares equivocados y con miradas miopes de nacimiento.

 

Todavía sufrimos las consecuencias de la superficialidad que conlleva la creencia acerca del “eterno progreso”, y confundimos aparatos nuevos con avance. La ciencia y la tecnología se han transformado en mitos indiscutibles, no en percepción profunda y en solución de problemas concretos. Pero mientras tanto, y más allá de las innovaciones tecnológicas, -que rara vez son verdaderamente útiles-, lo que ha entrado en una crisis muy profunda son los valores y el sentido mismo de la vida

Esta enfermedad, ya que sólo puede definírsela así, está poniendo en peligro la mismísima continuidad de la vida en el planeta Tierra. Es que existe una profunda ligazón entre la profundización de este proceso degenerativo y el deterioro de las condiciones básicas que requiere la vida para su desarrollo, como la calidad de la tierra, el aire y el agua. Existe una enfermedad social que explica a las enfermedades individuales, pero también éstas explican a aquélla porque lo uno y lo múltiple necesariamente se retroalimentan. No se puede hablar de una sin aludir a la otra. Las actitudes demagógicas y demasiado “comprensivas” no nos van a servir para salir del atolladero.

En los últimos veinte años se ha estado desarrollando un concepto muy interesante, consistente en suponer que el planeta Tierra en su conjunto funciona como un organismo vivo. Gaia es el nombre con el que ha sido bautizado este ser. En la superficie de Gaia viven una importante cantidad de minúsculos seres (cerca de cinco mil millones) dedicados a maltratarse unos a otros, a contaminar el medio ambiente con la excusa del crecimiento económico, a sacrificar otras especies vivientes y a practicar masivamente la infelicidad. Con una soberbia sólo superada por su codicia, esta especie se ha auto-denominado homo sapiens, lo cual ha resultado una inesperada ironía. ¿Está claro quiénes somos, no? 

Como se trata de una especie con alto sentido de la estructuración jerárquica, sería injusto suponer que todos sus integrantes tienen la misma cuota de responsabilidad en esta feroz campaña para exterminar la vida, operativo que algunos llaman “civilización”. Pero los resultados están a la vista: basta que se conozca el importante significado de algo relacionado con la continuidad de la vida, para que este algo sea arrasado, destruido. Por ejemplo: la especie humana aprendió que su supervivencia depende del reino vegetal, tal cual puede verificarse en la cadena alimentaria que figura hasta en el más elemental texto de la escuela primaria. Bien, ¿y qué creen ustedes que hace la especie humana? ¡Prefiere eliminar los vegetales de su dieta, quemar o talar los bosques y favorecer el desarrollo de los desiertos! ¡Y esto conociendo bien que los vegetales son indispensables para la alimentación y el consumo normal de oxígeno!

En su modalidad sapiens, los humanos también descubrieron que el fenómeno de la vida sólo es posible cuando las temperaturas del planeta oscilan dentro de determinado rango, y  la tierra, el aire y el agua se encuentra suficientemente libre de impurezas como para permitir que la vida se desarrolle libremente, cosa que ha hecho de manera natural en Gaia desde que ésta existe. Pero en su ejecutiva modalidad brutus asesinus, ¡el hombre se dedica a destruir la atmósfera, calentar el planeta (Gaia sufre de fiebre cada día más elevada) y envenenar aguas y tierras!  

Tampoco sirve de mucho que los que no aceptan este destino suicida lo planteen al resto de la humanidad, porque quienes hasta ahora tienen la posibilidad de tomar decisiones amanecen maquinando la manera de ganar más dinero o la forma de ayudar para que el ser humano profundice su servil sometimiento a quienes manejan este circo. La consecuencia de estos gravísimos hechos es que la pomposa civilización humana ha devenido en máquina de clonar idiotas.

Es interesante y terrible saber lo que sucedió en “la cumbre de Kyoto” sobre el cambio climático, realizada durante diciembre de 1997 en Japón, con la asistencia de representantes de casi todos los países del planeta. Había un tema excluyente en este encuentro: lograr acuerdos para lograr una reducción en la emisión de gases que aumentan el llamado “efecto invernadero” y por lo tanto elevan la temperatura, agrandan el agujero de ozono y contaminan el aire. Estos gases son el dióxido de carbono, el metano, el óxido nitroso, los hidrofluorocarbonos, los perfluorocarbonos y los hexafluoruros. Antes del encuentro algunos especialistas del tema habían sido muy claros. 

Por ejemplo, Bert Bolin -presidente honorífico del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático- había expresado que: “Una reducción de emisiones de aproximadamente un 5% tiene un efecto minúsculo sobre el cambio climático. La influencia de cualquier reducción que se mantenga por debajo del 20% resulta insignificante”. ¿Y qué hicieron con estos datos los llamados “países industrializados”? ¡Acordaron una reducción del 5,2% en promedio, encabezados por Estados Unidos y Japón! Es muy claro: con la argucia de que tomar medidas más severas puede provocar recesión económica, recomendaron la muerte de la vida. Esto parece más racional que preservarla, para los psicóticos que detentan el poder en Gaia.

El editorial de la revista española Más Allá de la Ciencia expresa su indignación a través del siguiente comentario: “Los últimos acuerdos de la Cumbre de Kioto sobre el cambio climático son una burla y una auténtica decisión criminal contra la humanidad, perpetrada por una clase gobernante cobarde, incapaz e inmoral que prefiere morir antes que aceptar ser menos rica. El grado de deterioro del planeta sólo es parangonable con el deterioro del sentido común de nuestros dirigentes, para quienes las reiteradas advertencias realizadas por los expertos sobre la gravedad del problema no parecen contar. Bueno, pues es hora de advertirlo sin medias tintas: o se adoptan medidas YA, o vamos a ser pronto los más ricos del cementerio.”

¿Parece una exageración? Seguramente a los dinosaurios debe haberles parecido lo mismo, si es que alguno de ellos dudaba y criticaba el camino elegido por los poderosos de esos tiempos. Pero ahora son puro fósil que aparece de vez en cuando en las entrañas de la tierra aunque parecen haber dado origen a las aves, de manera que no pasaron de largo por la historia de Gaia. ¿Qué podría quedar de nosotros, si corriéramos la misma suerte que ellos? ¿Una botella de Coca-Cola? ¿Una máquina de calcular intereses? ¿La historia enlatada de un amor imposible? ¿Qué significa el extendido interés por los dinosaurios? ¿No será la generalizada intuición de que estamos transitando un camino parecido y con final similar?

Hasta ahora es inútil que varios de los mejores ejemplares de nuestra especie hayan advertido la gravedad de la situación y la hayan denunciado. Konrad Lorenz, el brillante etólogo, escribió sobre el tema en su libro “Decadencia de lo Humano”, una obra que vale la pena leer. El físico David Bohm y el oceanógrafo Jacques Costeau también advirtieron con dureza a la especie humana acerca de la catástrofe que nos espera si seguimos por el mismo camino.

El prólogo del citado libro de Lorenz -editado en 1983- dice así:

“Las perspectivas del futuro para la Humanidad son hoy realmente sombrías. Es muy posible que las armas nucleares le induzcan a cometer un suicidio fulminante, más no indoloro, ni mucho menos. Pero aunque no suceda semejante cosa, la amenazarán el envenenamiento y la consiguiente aniquilación del medio en que vive y del que se nutre. Y aún cuando contenga a tiempo su actuación ciega e increíblemente desatinada, la acechará, amenazante, la paulatina desintegración de todos los valores y cualidades que le prestaran su carácter humano. Muchos pensadores lo han visto así, y muchos libros dejan entrever la noción de que marchan al unísono el aniquilamiento del medio ambiente y la “decadencia” de la cultura. Ahora bien; sólo unos pocos consideran la desintegración de lo humano como una enfermedad; sólo unos pocos buscan -según hiciera Aldous Huxley- las causas de tal dolencia y los posibles remedios. Con esta obra pretendemos cooperar a esa búsqueda”.

 

No importa: después de escuchar estos mensajes por la noche, el día siguiente nos encontrará listos para elucubrar otras maneras de ganar poder y dinero a costa de la vida. Es que se trata de poner en peligro a toda la vida que existe sobre la Tierra, y no sólo a la de los humanos. Por eso, los sensibles pensadores antes citados, coinciden en afirmar que aunque el hombre supere la amenaza nuclear, la variada contaminación y los problemas que plantea la superpoblación, no podrá escapar de la autodestrucción si no se cambia el rumbo, ya que lo que está en crisis es la propia especie, atrapada en un estilo de vida decadente y carente de verdaderos valores.

Y esto hace pensar que, ante tamaña atrocidad, la misma Gaia se defiende ayudando a que la especie humana desaparezca cuanto antes del planeta,  con el fin de evitar que la vida misma interrumpa su devenir y desarrollo. Podrá no interesarnos demasiado a nosotros, pero no tenemos derecho a generalizar esta decisión en nombre de las otras especies vivas que comparten el mismo hábitat terrestre.

No es para desesperar, todavía hay tiempo y espacio para el cambio. Intentemos mirar esta problemática desde un lugar menos tóxico, hagamos un esfuerzo para comprenderlas de tal manera que esta visión sea útil para modificar la situación actual. A continuación vamos a explorar en la concepción reichiana de coraza y peste emocional, con el ánimo de encontrar una variedad de explicación que nos allane el camino para construir algo mejor, más allá de la confusión. Los planteos reichianos no son “complicados” ni sofisticados, simplemente porque las verdades básicas son elementales pero profundas. Aquí vale el mismo sistema utilizado para ser eficaz en las terapias individuales: la única manera de resolver el acertijo del laberinto consiste en actuar después de mirarlo atentamente…desde arriba.

al  6. Coraza, peste emocional, ideología
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