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Limpieza del Hígado y Vías Biliares

Cómo lograr, fácil y hasta barato, que estos dos órganos tan importantes decidan ser políticamente correctos

No vamos a hacer aquí un innecesario tratado acerca de la importancia del hígado como órgano clave ligado al proceso digestivo. Tampoco a su decisiva función como laboratorio desintoxicante y sintetizador de buena cantidad de sustancias imprescindibles para el correcto funcionamiento del organismo. Solo una aclaración acerca de la relación hígado – vesícula biliar.

La bilis, un excelente detergente marca registrada para emulsionar grasas y posibilitar su absorción intestinal, es elaborada por el hígado y pasa a la vesícula, que la concentra y almacena a fin de ser utilizada cuando el estómago advierte la presencia de grasas en el bolo alimenticio que se encuentra en su interior. Cuando el flujo biliar se hace más lento o hay un exceso de colesterol o calcio, tienden a formarse los conocidos cálculos biliares.

El problema con ellos es que dificultan la digestión y hasta pueden enclavarse y obstruir completamente la vía biliar cosa que, aunque no sea demasiado frecuente, hace necesaria una cirugía de urgencia.  

Pero lo más habitual es la existencia de cálculos o de barro biliar, que anuncia su proceso de formación. Y lo más importante, lo que es bueno y hasta necesario saber, es que esto implica que el hígado no está funcionando del todo bien porque es allí donde se comienzan a formar los cálculos y no en la vesícula. De manera que, si ése es el caso, tenemos dos problemas:  

  • Insuficiencia del proceso digestivo por déficit de bilis y

  • Leve, mediana o avanzada insuficiencia hepática, según cada situación particular. (Entre otras cosas también se verá afectada la circulación, porque el hígado es una especie de esponja con respecto a la sangre).

Así que es buena idea limpiarse el hígado y no hay porque tener cálculos oficialmente demostrados para hacerlo. Es más: pueden experimentarse mejoras aparentemente extrañas o no directamente ligadas al proceso digestivo como ocurre con dolores de cabeza y musculares o articulares, especialmente en cuello, espalda y hombros.

Y por supuesto que, en el caso de existencia de cálculos, puede evitar una visita al quirófano, ese lugar que la gente más o menos sana tiende a evitar. 

Hay distintas fuentes que pueden consultar en internet si desean más información. Pero me apresuro a decirles que esta limpieza hepática no es ninguna novedad: se trata de una vieja técnica utilizada desde hace mucho tiempo (tal vez esté en la escala del “muchísimo tiempo”) por diversas medicinas populares y el naturismo.

No es complicada y hacen falta muy pocos elementos. Y especialmente es una técnica confiable por los resultados y, habitualmente, sin efectos secundarios de ningún tipo, salvo los positivos para el hígado, la vesícula, la digestión y el organismo en su conjunto.

¿Qué por qué no se recomienda y se utiliza masivamente?

La respuesta no puede ser más sencilla: porque es eficiente, barata y está fuera del conocimiento médico estándar, nada más que por eso.

Y aquí va, para quien guste hacerla.

Objetivos de la limpieza 

Si ustedes tienen cálculos, la idea es eliminarlos.

Y si no tienen, el objetivo es mejorar la circulación hepato-biliar y, por lo tanto, favorecer la funcionalidad de ambos órganos. Está claro que si uno almacenara una buena cantidad de “piedritas” oficialmente reconocidas, esto último constituiría la finalidad de la limpieza. Pero, insisto, también es excelente aunque no existan los famosos cálculos, con el objetivo de mejorar el flujo biliar y, por lo tanto, favorecer la funcionalidad hepática. Y tanto que, aunque no haya cálculos y el proceso digestivo sea eficiente, es aconsejable hacer esta limpieza dos veces por año, cada seis meses. Claro que ante la evidencia de la presencia de “piedras” la estrategia cambia: hay que repetir la limpieza cada dos o tres semanas hasta que dejen de salir.

Las siguientes indicaciones están pensadas para personas cuyo desempeño laboral es, como sucede habitualmente, de lunes a viernes, pero son adaptables a la necesidad personal alterando la indicación que sigue en relación a los días que resulten más convenientes.  

Elementos necesarios 

  • Jugo de manzana, no importa si es envasado o no, comercializado o no.

  • Sulfato de magnesio cristalizado, se consigue fácil en las farmacias.

  • Aceite de oliva prensado en frío (Extra-virgen, de buena calidad).

  • Jugo fresco, recién exprimido, de pomelo rosado o una mezcla de naranja y limón. 

Mientras dure la limpieza de hígado es mejor evitar la toma de cualquier medicación o   suplemento que no sea absolutamente necesario. Es importante no dar trabajo extra al hígado que pueda interferir con el esfuerzo de limpieza. 

Preparación 

Lo mejor es empezar un lunes. Y lo único que hay que hacer, desde el lunes hasta el viernes y además de la alimentación estándar, es tomar un litro diario de  jugo de manzana.

La razón es que el ácido málico del jugo de manzana suaviza los cálculos biliares y hace que su paso a través de los conductos biliares sea fácil. Algunas personas sensibles pueden experimentar distensión y diarrea durante los primeros días. La mayor parte de la diarrea es en realidad bilis estancada, liberada por el hígado y la vesícula.  El efecto de fermentación del jugo también ayuda a ensanchar los conductos biliares. 

La purga propiamente dicha (viernes) 

Por la mañana es mejor tomar un desayuno ligero tal como un cereal caliente: la avena es buena elección. Hay que evitar e1 azúcar y demás edulcorantes, especias, leche, manteca, aceites, yogur, queso, jamón, huevos, frutos secos, repostería, etc. Pero sí se pueden comer frutas o tomarlas como jugo.

Para la comida es buena idea comer vegetales sencillos hervidos o al vapor con arroz blanco.   

A partir de las 14 horas del viernes no hay que consumir más alimentos y solo tomar agua, a riesgo de sufrir molestias durante la limpieza o no eliminar ninguna piedra. 

18:00 h: Añadir cuatro cucharadas de sulfato de magnesio a ¾  litro de agua en un recipiente que pueda cerrarse para agitar la solución, el cual servirá para cuatro tomas. Ahora hay que hacer la primera toma: ¾ de vaso. Para mejorar el sabor puede agregarse un poco de jugo de limón. Algunas personas lo beben con una pajita para impedir que el líquido toque la lengua y así, en lo posible, evitar el mal sabor.

Una de las principales acciones del sulfato de magnesio es dilatar los conductos hepáticos, haciendo más fácil que las piedras pasen. Es más: hace salir desperdicios que pueden obstruir la salida de los cálculos.

20:00 h: Hacer la segunda toma  (también ¾  de vaso) de sulfato de magnesio

21:45 h: Lavar  los pomelos (o limones y naranjas), exprimirlos y quitar la pulpa. Será necesario ¾  de vaso de jugo. Ahora hay verter el jugo junto a ¾ de vaso de aceite de oliva en una jarra que pueda cerrarse bien para agitar la solución con fuerza unas veinte veces hasta que quede acuosa.

22:00 h: Colocarse de pie al lado de la cama (no hay que sentarse) y beber la mezcla, si es posible directamente. Si es necesario, puede tomarse un poco de miel entre sorbos o al final de la ingesta. Para este operativo es mejor no utilizar más de cinco minutos. 

¡Ahora hay que acostarse enseguida!

Esto es esencial para ayudar a liberar los cálculos biliares. Es mejor apagar las luces y mantenerse tendido de espaldas con una o dos almohadas debajo de la cabeza, que debe estar más alta que el abdomen. Si esta posición resultara muy incómoda, la opción es acostarse sobre el lado derecho con las rodillas empujando hacia la cabeza. Hay que mantenerse por lo menos veinte minutos en la misma postura, mejor en silencio. Habitualmente no se siente ningún dolor porque la bilis, que es excretada junto con los cálculos, mantiene los conductos biliares bien lubricados y es muy diferente de un cólico vesicular, donde el magnesio y la bilis no están presentes. Y ya es bueno dormirse, si fuera posible.

Puede o no existir necesidad de evacuar en las horas siguientes. También pueden sentirse  náuseas durante la noche y/o en las primeras horas de la mañana. Esto es principalmente debido a la fuerte emanación de cálculos y tóxicos desde el hígado y la vesícula, empujando el brebaje de aceite de nuevo hacia el estómago. Las náuseas pasarán a medida que avance la mañana.  

A la mañana siguiente

6:00 - 8:00 h: Al despertar, digamos entre las seis y ocho de la mañana, beber el tercer vaso de sulfato de magnesio, siempre revolviendo o agitando la solución.  En caso de tener mucho sueño se puede volver a la cama, aunque es mejor que el cuerpo esté en posición erguida.

8:00 - 10:00 h: Tomar el 4° y último vaso del sulfato de magnesio. (La idea básica es tomar este vaso a las dos horas del primero).

Y eso es todo: cuatro tomas de sulfato de magnesio y una de aceite de oliva mezclado con jugo de cítricos.

Ahora se puede tomar un jugo de fruta fresca.

Una hora y media más tarde una o dos piezas de fruta fresca. Otra hora más tarde una  comida ligera. Al anochecer o a la mañana siguiente se puede ir volviendo a la normalidad y sentir los primeros signos de mejoría.  

Resultados que pueden esperarse

Durante la mañana y  la tarde después de la limpieza, habrá varias evacuaciones acuosas. Inicialmente, éstas consisten en cálculos mezclados con residuos de comida, y después sólo piedras mezcladas con agua. La mayoría de los cálculos son verdes, del tamaño de una arveja y flotan en la superficie debido a que contienen bilis. Las piedras son de diferentes tonos de verde y pueden ser brillantes y relucientes como perlas. Sólo la bilis del hígado puede ser la causa del color verde. Los cálculos pueden ser de todas las medidas, colores y formas. Las piedras de colores más claros son las más recientemente formadas, mientras que las más oscuras son las más antiguas. A pesar de que la mayoría son pequeñas, algunas son más grandes y pueden medir dos o tres centímetros de diámetro. Puede haber docenas a la vez, de diferentes tonos y tamaños.

Algunas de las oscuras o blancas más grandes pueden haberse hundido al fondo. Se trata de cálculos calcificados que han sido liberados de la vesícula y contienen sustancias de toxicidad alta con sólo pequeñas cantidades de colesterol. Todas las piedras verdes y amarillentas son blandas como la masilla gracias a la acción del jugo de manzana.

También puede encontrarse en la superficie una capa de espuma blanca flotando. Esta espuma consiste en millones de diminutos cristales blancos de bordes afilados que pueden romper fácilmente los pequeños conductos biliares. Son igualmente importantes de liberar.

Para curar o mejorar consistentemente algunos síntomas generalmente asociados a la disfunción hepato-biliar tales como las cefaleas, la bursitis, el dolor de espalda, alergias y para prevenir la aparición de otras enfermedades es necesario eliminar todas las piedras. Esto puede requerir al menos 6 limpiezas, las cuales pueden hacerse cada dos o tres semanas o a intervalos de un mes. Es importante saber que una vez que se ha empezado con este tratamiento hay que seguir haciendo limpiezas hasta que no salga ninguna piedra.

El hígado empezará a funcionar más eficientemente después de la primera limpieza y podrán notarse variadas mejoras: los dolores disminuirán, se incrementará la energía y la claridad mental mejorará considerablemente.

Sin embargo, en unos pocos días, las piedras procedentes de la parte posterior del hígado se moverán hacia delante, hacia los dos principales conductos biliares existentes en el hígado, lo que puede ocasionar que alguno de los síntomas de malestar previo vuelvan a aparecer. Simplemente esto indica que todavía han quedado más cálculos atrás, preparados para salir en la próxima limpieza, aunque lo más probable es que los síntomas sean menos severos o persistentes. Pero cuando una nueva limpieza ya no produzca ninguna piedra (habitualmente se necesitan alrededor de seis cuando hay muchos cálculos) puede considerarse que el hígado ha quedado en excelentes condiciones. Aun así, es recomendable repetir el mismo procedimiento cada seis meses.

La única observación acerca de la pertinencia o no de realizar la limpieza se refiere a que es mejor evitarla durante enfermedades agudas, especialmente las infecciosas, así sea un simple resfrío. En cambio, es muy probable que puedan observarse señales de variada  mejoría durante las enfermedades crónicas, cualesquiera que sean, motivadas por el importante  rol que desempeña el hígado en el funcionamiento general del organismo.

     Dr. Carlos Inza
     Buenos Aires, febrero del 2012

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