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Las funciones

2. El funcionalismo orgonómico o reichiano

La orgonomía es la ciencia de la energía fundada por Wilhelm Reich entre los años 20 y los 50 de este siglo. Hunde sus raíces en el psicoanálisis y en el marxismo, y aunque paga con honestidad su deuda con ambos, termina superándolos en profundidad y alcance, otorgando a cada uno su contribución en este movimiento que tiende a conocer, conocernos y transformar el mundo en dirección al reconocimiento y aceptación de la vida, tanto en nosotros como en el resto de la naturaleza.

“Nosotros no nos reflejamos en la naturaleza en términos dialécticos. El proceso mismo de la naturaleza es dialéctico. Lejos de ser conceptualizaciones, la diferenciación de la unidad y la relación antitética de la realidad se puede ver, valorar, fotografiar. Por medio de su aparato vegetativo, cada organismo vivo es una parte de toda la naturaleza viviente, el resultado del fraccionamiento general de la “única” vida vegetativa en millones de especies vitales: al mismo tiempo cada organismo vivo es diferente tanto del resto del mundo vegetativo como de todos los otros organismos vivos, tanto por lo que respecta al acto de comer, como al acto sexual o incluso en el papel pasivo del objeto comido” (W. Reich en el Método de pensamiento y de investigación materialístico-dialéctico).

 

Javier Torró, filósofo, nos ayuda a desentrañar y comprender lo esencial de esta mirada tan distinta sobre la vida, en su excelente artículo El método del funcionalismo orgonómico, publicado en los números 13 y 14 (1990) de Energía, Carácter y Sociedad, la revista de la Escuela Española de Terapia Reichiana. Lo que sigue es un extracto del artículo, con algunos comentarios.

El paradigma reichiano comienza a dibujarse en el campo de la psicología profunda (Reich fue discípulo de Freud), pero rápidamente se extiende al de la biología, psicología social, medicina, etc.  Debemos hablar, por tanto, de un paradigma interdisciplinario que afectaría, tanto a las ciencias de la naturaleza como a las humanas, en cualquiera de las distintas parcelaciones de éstas. Y cuyos modelos interpretativos de la realidad son divergentes de los ofrecidos por la actual “ciencia normal” (mecanicista), que de seguir prosperando dicho paradigma, la convulsión a nivel científico sería mayor que la producida por la teoría evolucionista, la teoría de la relatividad o la teoría cuántica, puesto que éstas afectan a áreas más limitadas de la ciencia, es decir, no tienen un ámbito interdisciplinar, mientras que el paradigma reichiano se extiende por doquier. Esta convulsión sólo sería comparable a la vivida por la ciencia durante el Renacimiento, con lo que se conoce como la “revolución copernicana”.

No obstante, “el funcionalismo orgonómico no representa un tipo diferente o nuevo de la filosofía natural, sino un tipo diferente y nuevo de herramienta de la investigación natural” (Reich). Es una nueva forma de acceder a la naturaleza y al mundo que nos rodea. Todo método es un camino, un puente que se construye entre el sujeto y el objeto que se desea investigar. Reich pretende no captar la realidad en conceptos fosilizados y rígidos que encorsetan al objeto investigado, sino liberar a dicho objeto para que se “exprese” mediante su método.

Es decir: pretende desarrollar una ciencia realmente emancipadora que contribuya a liberar no sólo al hombre del dominio de su propia coraza caracterial, sino a la Naturaleza de las tendencias destructivas que la afectan. El orgonomista Bernd Senf lo expresa así: “De lo que realmente trata en su investigación es de una ciencia en favor de la vida y de la obtención, o recuperación, de una percepción correcta de lo vivo; esto significa movimiento vegetativo y vivacidad en el sentir y en el pensar”.

Fuera de los desarrollos de la ciencia actual, dominada por intereses ideológicos y económicos que perpetúan en beneficio propio los prejuicios y preconceptos que moldean “una visión de las cosas”, la ciencia reichiana aparece como una ciencia radical, que pretende llevar las cosas a sus últimas consecuencias, a sus raíces, sin tapujos ni complejos.

El funcionalismo orgonómico se opone al mecanicismo, al misticismo y al vitalismo. Para Reich, materia y energía no son dos cosas contrapuestas, en la que una somete a la otra o actúa de espaldas a ésta, sino que son las dos caras de la misma moneda, idénticas y antitéticas a la vez en una misma unidad.

Para Reich, el pensamiento está en relación con la estructura del carácter de cada individuo: “pensamos y sentimos de acuerdo a nuestro metabolismo energético”. El funcionalismo orgonómico representa una técnica mental del hombre en tanto que ser viviente desprovisto de su coraza, y que ha mantenido el contacto con la naturaleza en sí mismo y fuera de sí mismo. La materia viva es funcionalmente idéntica y diferente a la inerte. Es idéntica puesto que ambas están gobernadas por los mismos procesos de tensión - carga - descarga - relajación. Se diferencian en la ordenación rítmica de las funciones parciales.

Entre el soma y la psique se establece una única unidad funcional, y no una reducción o una contraposición; son dos ramas de una única unidad funcional que comienza a desarrollarse a partir de la primera célula germinal.

El método reichiano es un método funcionalista aunque también dialéctico, al menos en algún momento de su desarrollo.

Es funcionalista puesto que cada elemento de la realidad que se está estudiando cobra sentido en relación con las interrelaciones que se establezcan con el todo. Por lo tanto realiza una función, es decir, dicho elemento contribuye al funcionamiento del conjunto del que forma parte. En lugar decausa, el funcionalismo postula principios funcionales comunes en un orden siempre más profundo y más comprensible. Epistemológicamente el “principio funcional común” es posterior a las ramas en que se divide. Aquí es, precisamente, donde aparece el movimiento dialéctico del método reichiano. Pero para la orgonomía dialéctica es la propia realidad, los procesos por los que se interrelacionan las distintas funciones.

 

¿Cómo es el procedimiento para encontrar y describir los principios funcionales comunes?

Vamos a tomar un ejemplo ya mencionado en el capítulo sobre Los Tres Cerebros, al referirnos a las dos ramas del neurovegetativo: el simpático y el parasimpático.

Excitación biofísica
Expansión biofísica Placer
  Potasio
  Lecitina
  Acetilcolina
  Parasimpático
Contracción biofísica Angustia
  Calcio
  Colesterina
  Adrenalina
  Simpático

Se verá que las funciones emparejadas son Placer/Angustia, Potasio/Calcio, Lecitina/Colesterina, Acetilcolina/Adrenalina y Parasimpático/Simpático. Los primeros de cada dupla son comunes en el proceso de Expansión Biofísica, los segundos se alinean con la Contracción Biofísica, pero tanto la expansión como la contracción se funden en otro principio funcional común (PFC): la Excitación Biofísica.

De manera que el procedimiento es:

1.   Se descubre una función. Entonces hay que preguntarse: ¿dónde está el equivalente funcional de la función recién descubierta?

2.   Una vez descubierto el equivalente funcional, tenemos un par de funciones emparejadas. Ambas forman una “unidad funcional” y simultáneamente no son una y la misma cosa, sino son diferentes y antitéticos. (Simultaneidad de identidad y antítesis)

3.   ¿Con referencia a qué se establece esta simultaneidad de identidad y antítesis entre estas dos funciones emparejadas? Con referencia a un Principio Funcional Común. Éste se sitúa en un nivel más profundo, lo que en Reich significa más simple y, por lo tanto, también más global. Por ejemplo: el psiquismo humano y su par nervioso, el neocortex, son un desarrollo bastante reciente y acotado en la historia de la vida, pero el equilibrio entre agua y electrólitos como soporte de la vida es mucho más antiguo e imprescindible para todo organismo vivo. De manera que éste último será -respecto del primero- un Principio Funcional Común más simple, más profundo y más global. Esto significa que, respecto al orden de las funciones, éstas deben evaluarse según la proximidad o lejanía del principio básico de la naturaleza: tensión - carga - descarga - relajación (función del orgasmo). Cuanto más cerca están, más comprensibles son, y por tanto, mayor amplitud del campo funcional. Cuanto más lejos se encuentren, más restringidas son y más pequeño es su campo funcional.

 

En la ciencia mecanicista los campos funcionales están separados por fronteras rígidas que no permiten la integración, de tal forma que lo que se sabe sobre un campo ocurre “a espaldas” de lo que se sabe en otro. De esta manera, con el aumento del saber,  el mundo deviene cada vez más complicado, confuso e impreciso, en lugar de aparecer más claro y más simple. El funcionalismo orgonómico establece la conexión funcional de los procesos en distintos campos funcionales y, por lo tanto, la disolución de las fronteras entre las ciencias.

El mismo Reich nos habla del siguiente ejemplo: “El placer y la angustia son dos funciones emparejadas en el campo funcional de la psicología, mientras que la lecitina y la colesterina lo son en el campo funcional de la bioquímica. En la naturaleza no hay fronteras dentro del principio funcional común del primer o último orden. Las fronteras fueron introducidas en la naturaleza por la especialización de las disciplinas científicas mecanicistas. El funcionalismo orgonómico retira otra vez estas fronteras. De este modo, acerca la investigación natural a la naturaleza, no sólo en cuanto a contenidos, sino también en cuánto a la técnica del pensamiento.

El funcionamiento natural tiene, para Reich, una naturaleza bioenergética, lo cual significa que son los movimientos de la energía los que explican la variedad y multiplicidad de las formas, y no a la inversa.

El pensamiento reichiano es empirista, tiene un proceder histórico y generativo. Es un pensamiento radical que busca la autenticidad frente a la realidad “light” y el mundo de las apariencias.

Es un pensamiento que busca la simplicidad por medio de las analogías, frente a un pensamiento que se complejiza con la búsqueda de las diferencias. En la orgonomía se le da mucha importancia al movimiento y a la expresión, se parte de la idea de que las funciones naturales objetivas son fundamentalmente racionales y, por tanto, que tenemos acceso por medio de nuestra razón a la racionalidad del mundo.

El investigador o la persona que busca el saber, se refleja en el proceso de investigación, de manera que se requiere un compromiso total para llevarlo a cabo: no sólo a nivel intelectual, sino a nivel emocional y visceral. Es, también, un pensamiento que maneja una concepción de la verdad como develamiento o aletheia (Heidegger). Y esto significa que, durante esta búsqueda, se nos develarán (en el sentido de quitarse los velos y mostrarse su presencia o en el sentido griego de salir a la luz arrancándose al ocultamiento) las cosas en su propio ser, tal como son. Por ello, no existe una verdad absoluta, aunque sí existen funciones básicas en la Naturaleza que son comunes a toda verdad.

 

Para Reich la unidad domina el todo. Esto significa que la verdad de una cosa no se encuentra en la cosa aislada, fija como algo constante, sino en la estructura funcional, en la conexión con el todo. En un organismo aislado, la diferenciación de esta unidad no toca a la unidad del todo, sino que funciona como un todo unitario e indivisible, sin la idea metafísica de que el organismo sea algo “que quiere” conservar a los individuos y a la especie.

“La carencia de la concepción químico-mecanicista de la vida consiste en el hecho de que se intenta llegar de lo particular a lo general, uniendo detalles en vez de buscar la función del todo en cada singularidad. Desde el punto de vista de nuestro método de base no hay diferencia entre la corriente plasmática de una ameba, que se puede ver, y la corriente vegetativa que se experimenta en ciertos estados de excitación. No se puede explicar la función de un árbol definiendo la composición química de la celulosa.” (Reich)

En esa unidad que domina el todo persisten funciones naturales objetivas, o lo que es lo mismo, las funciones naturales integran el todo. Tomando contacto con nuestro cuerpo y con nuestras emociones, es como mejor podemos tomar contacto con esa “lógica funcional objetiva de la naturaleza” que también opera de forma inevitable en el hombre. (Hegel decía: “Todo lo real es racional”)

Por eso, para Reich “la estructura biológica del observador no puede ser excluida de la investigación científica y de la valoración crítica del resultado de la investigación”. Esto es así puesto que el acorazamiento y la rigidez de la estructura del investigador, se traslada a su propia estructura de pensamiento y, por tanto, se proyecta al interior del objeto de estudio. Se produce algo así como una resonancia entre el objeto de la investigación y el organismo del investigador. Por esta razón puede decirse que la orgonomía es un saber iniciático en el sentido de que, para profundizar en el conocimiento de la Naturaleza, es necesario también profundizar en el conocimiento de uno mismo, tal como Sócrates proponía su famoso: “conócete a ti mismo”.

Para el funcionalismo reichiano, la forma es un movimiento fijado.
  

Y el movimiento es la categoría fundamental que domina el cosmos, pero que en el caso de la naturaleza viva se presenta como motilidad plasmática espontánea: es generada desde el interior de ese organismo y pulsa contrayéndose y expandiéndose.

Sin perderse en la maraña de información que produce la ciencia mecanicista, el funcionalismo orgonómico busca las analogías, el ritmo de base común, las funciones básicas. Y en el proceso de investigación, por medio de los principios funcionales comunes, tiende a la simplicidad y a la globalidad.

De hecho, a medida que nos acercamos a las raíces comunes de las variables y contradictorias manifestaciones de la Naturaleza, las cosas aparecen más y más simples, y las analogías entre las funciones básicas que encontramos nos devienen evidentes. Por ejemplo: la analogía entre la sensación vegetativa de mi cuerpo y la corriente plasmática de la ameba, entre el tejido animal y el tejido social (ambos aislan o secuestran “cuerpos extraños”), entre los climas externos y los climas internos (las emociones), entre el desarrollo secundario de plantas y animales en el desierto y las manifestaciones del hombre muy acorazado, que muestra la misma “espinosidad” que los vivientes del desierto.

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