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Programa Azul

4. Para qué y desde dónde

                                                                                    Agosto 15, 1999
Una idea básica de este programa es la recuperación de valores profundamente vinculados a lo mejor que ha desarrollado nuestra especie desde su nacimiento: la mirada curiosa y descubridora, el aliento poético, la construcción solidaria, el simple amor, el trabajo para resolver sus necesidades básicas, la posibilidad de convertir sus sueños en realidad…

Pero nada de esto es posible sin unidad interna al interior de cada hombre y cada mujer. En esta preciosa unidad consiste, precisamente, la salud. Unidad de cuerpo y alma (mente sana en cuerpo sano, decían los griegos). Esta unidad interna tiene tres consecuencias importantes: acerca a cierta dicha en la vida cotidiana (la única que existe), aleja razonablemente el desarrollo de enfermedades terribles (que aparecen en procesos de división o fragmentación interna) y fundamenta la posibilidad de una sociedad mejor (respetuosa de cada integrante, pero también de los otros vivientes).  

Aquí se trata de difundir y proponer, no de vender falsas ilusiones.

No se está ofreciendo una panacea, ni la posible obtención de fácil felicidad.

Tampoco un curso de belleza falsa y longevidad inútil.  El asunto no es aparentar, sino ser. El proyecto no es la ilusión de durar indefinidamente, sino de vivir intensamente la vida. Tal vez pueda obtenerse mayor tiempo de vida, es cierto, pero sólo como consecuencia natural de una mejoría global de la vitalidad personal. Sin embargo, el énfasis del Programa Azul está puesto en la calidad de la vida, no en su duración.

Y también debe quedar claro que la cuestión del mejoramiento externo (la forma) se produce desde adentro, desde la profundidad. No con intervenciones externas, quirúrgicas o cosméticas, sino como consecuencia natural de vivir más tiempo unido y asociado al resto de la naturaleza.

 

De la misma manera es honesto decir que no consiste en un camino fácil, pero tampoco difícil. Aquí no hay aparatos que hagan gimnasia mientras se les regala el cuerpo, ni gente que decida por uno mismo si se asume o no la necesidad de practicar el conjunto del programa. Nadie va a tomar exámenes, seguramente.
Tampoco disponemos de figuras paternas o maternas que cuiden a quienes lo intenten como si fueran lactantes.

Por otra parte, la competencia entre personas para ser los primeros del grado, miembros del cuadro de honor o abanderados, será recibida con una mueca entre socarrona y despectiva por los responsables de cada grupo. No nos interesan los récords ni los desempeños “sobresalientes”: cada uno tendrá facilidades y dificultades con las diversas actividades del programa. Más bien esperamos (o deseamos, en su defecto) espíritu de solidaridad grupal, porque este ingrediente puede ser decisivo para lograr el éxito.

Parece fácil referirse al cuerpo en un programa como éste, pero ¿qué tiene que ver el alma o la psique? ¿Por qué “mezclamos” asuntos que parecen no tener que ver directamente entre sí? Es cierto que a la mirada mecanicista o mística esto le parecerá un cambalache, pero sucede que los dos lados del ser están tan imbricados que no es posible separarlos si no es a costa de  la esquizofrenia que nuestra civilización ha masificado con tanto éxito. Justamente el objetivo de este programa es unir, religar. Y no se trata de hacerlo para quedar bien con ninguna teoría, sino únicamente porque en la realidad viva la línea argumental viene así de unida. Entonces la respiración tiene que ver con el movimiento, y el movimiento con la mirada, y la mirada con “la visión de las cosas”, y ésta con las decisiones. ¿Y desde dónde mira y oye y olfatea y toca y gusta (o disgusta) uno las cosas? Así como sea “este lugar”, será el resultado de aquellas operaciones.

Ya lo dijo Quevedo en su estilo: “Las cosas son según el color del cristal con que se mira”, y Wilhelm Reich en el suyo: “Sentimos y pensamos de acuerdo a nuestro metabolismo energético”.  Aquí podríamos agregar que sanear la funcionalidad energética y limpiar los cristales es más o menos lo mismo.

No es posible albergar sentimientos y actitudes nobles en estructuras energéticas desquiciadas, así como no es posible pedirle peras al olmo. Un poco antes hablábamos de hacer las cosas naturalmente, “sin esfuerzo”. Funcionar, mirar y hacer mejor no significa proponérselo como quien cuelga los mandamientos escritos en letra gótica arriba de su cama, sino como quien simplemente ejercita con paciencia algunas de sus potencias ocultas y llega al objetivo sin demasiada alharaca ni ostentación, más bien con cierto descuido, “como asando un pescado”.

Esto recuerda a Jung, cuando decía que los problemas más importantes de la vida nunca se solucionan, sino que se traspasan. Lo cual significa que cuando se decide subir la cuesta del  propio crecimiento (unirse, casarse con uno), los terribles problemas que parecían insolubles comienzan a ser superados por la nueva situación y se miran desde un lugar un poco más elevado.

Otra característica de la unidad que aquí se pretende pasa por articular aportes orientales y occidentales, una de las claves del programa y su más claro “desde dónde”.

A esta altura resulta ocioso insistir en algo que no requiere de mayores explicaciones: para un buen programa de desarrollo personal, Oriente y Occidente tienen cada uno lo suyo para aportar, casi por partes iguales.

De Occidente son el aerobismo, las pesas y parte de los aportes nutricionales y de las técnicas respiratorias.

Oriente nos regala también la respiración y la nutrición, pero especialmente la gimnástica energética (Ejercicios de Seda) y la meditación.

Casi podríamos decir que cada uno tiene lo que al otro le falta, lo cual significa que necesitan complementarse para dar un resultado más completo y global. Por eso el Programa Azul trabaja tanto sobre la energía como sobre la materia, sin desdeñar alguna entre ambas.

Pero no hay brillantes argumentos intelectuales para resaltar la importancia o necesidad de esta unidad de aportes, salvo los ya vistos. La verificación real se hace en la práctica, ejercitando la potencia de esta combinación, sintiendo cómo el aliento crece y la voz se escucha más fácil cuando se puede trotar pero también meditar, cuando es posible respirar naturalmente pero también fortalecer los músculos. La experiencia de hacerlo vale más que un millón de palabras, ese artefacto tan útil para seducir o mentir.

 

En el rubro de “los cómo” del programa resalta uno: la relación entre el trabajo grupal y el individual. Debe quedar claro que es mejor no intentar esta aventura si se supone que la única actividad consiste en una reunión semanal, algo así como “ir a clases”. Esta propuesta está diseñada para combinar el trabajo individual con el grupal, no para reemplazar el esfuerzo personal con una simpática (o no) reunión social.

A la vez, el aporte de la reunión semanal grupal implica dos momentos bien diferenciados: la etapa de aprendizaje del programa, que insume de tres a cuatro meses, y el período de plena aplicación, de allí en adelante y por tiempo indefinido. Esto en líneas generales, porque las características de cada grupo pueden alterar los tiempos anunciados.

En el trabajo grupal  se diferencian la etapa de aprendizaje y la del trabajo pleno, con todas las adquisiciones en marcha, como dos momentos diferenciados del mismo proceso.

Pero también está contemplada la necesidad de un nivel más avanzado, una vez que el tiempo y la calidad de la ejercitación lo requieran. Esto significa que hay una variedad diferente de ejercitaciones dentro de cada actividad específica (aerobismo, respiración, meditación, ejercicios de seda, nutrición), que pueden desarrollarse ampliando las posibilidades y postergando el aburrimiento. Una de las características del programa es la simpleza, porque se trata de enseñar sin abrumar. Y especialmente, de armar una programación que rescate lo esencial de cada actividad para llegar a las raíces de la necesidad sin irse por las ramas.

Por esa razón el adiestramiento propone de entrada una sola técnica respiratoria, una sola forma de los Ejercicios de Seda, un estilo de aerobismo, una rutina de mancuernas y un tipo de meditación. Se renuncia expresamente a la erudición inútil, que sólo sirve para lucimiento del expositor pero no aporta nada a los practicantes. Transcurrido un tiempo, es posible que sea necesaria cierta variedad en las prácticas. En ese momento aparecerán las variantes posibles, pero no antes.

Lo anterior está íntimamente relacionado con la política de no formar especialistas sino “generalistas prácticos”, personas que conocen una manera eficiente de hacer las cosas y con eso se conforman, se dan por contentas y satisfechas. Pocas cosas, pero buenas.

Un comentario más acerca del “hacer un poco de cada cosa”, que seguramente será muy criticado por los especialistas de cada disciplina. Cuando lo único que se practica es alguna de las actividades del programa funcionando como perspectiva excluyente, es comprensible que se la desarrolle con énfasis exagerado, a veces contraproducente. Pero, si como pensamos, las necesidades son variadas, el aporte de cada disciplina no precisará ser tan enfático, porque se complementará de manera natural con las otras


Tenemos un buen ejemplo con el caso de la respiración. Si profundizamos en el tema general de la gimnástica, veremos que gran parte del adiestramiento aeróbico o energético tiene el objetivo de respirar correctamente para lograr eficiencia en el aporte de oxígeno a los tejidos. Si  reducimos las exigencias del entrenamiento aeróbico pero aumentamos la actividad respiratoria con ejercicios específicos y con el manejo de esta función durante la realización de los Ejercicios de Seda, estamos logrando lo mismo. Sólo que repartimos el trabajo muscular en sus aspectos diferenciados de resistencia (aerobismo), flexibilidad (Ejercicios de Seda) y fuerza (pesas). O sea que con el mismo tiempo y esfuerzo cubrimos frentes diferentes que ninguna de las “especializaciones” mencionadas desarrolla por completo.

Una pregunta inevitable es por qué hace falta entrenar con pesas si se tienen más de cuarenta años y expectativas limitadas acerca de los resultados del programa. Es bueno decir, entonces, que este programa no tiene límites de edad. Que está pensado para todos los períodos de la vida, ya que de manera natural cada persona lo ajustará de acuerdo a sus necesidades. La rutina de mancuernas, por ejemplo, es suave y fácil con pesos muy reducidos como los que se enseñan a manejar, pero si la necesidad personal lo exige, puede aumentarse tanto el peso como el número de repeticiones. 

Cualquiera sea la edad es importante tener una fuerza muscular coherente con el desarrollo que se obtiene con los demás aspectos del programa. Aquí no se habla de lograr musculosos de gimnasio, nada de esto es el objetivo de ejercitarse con pesas. Importa conservar o aumentar la fuerza para mejorar el rendimiento general del sistema y evitar el deterioro normal de los músculos que, inevitablemente, se produce debido a las condiciones estándar de vida en nuestra cultura. 

Y ahora, tal vez nos convenga sintetizar los objetivos y los procedimientos del Programa Azul.

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