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Los acumuladores de energía orgón Revitalización y Envejecimiento
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Programa Azul 3. Extremos complementariosComo
practicante discontinuo de todas estas disciplinas desde hace varios años y médico
que las ha indicado, puedo asegurar que todas tienen algo en
común. Y
especialmente presentan una extraña propiedad que puede experimentarse más que
describirse con palabras: la señal de éxito
en todas ellas logra que uno pueda escuchar el silencio. Puede
percibirse la
propia voz -ése es el silencio a lograr- con algunas dietas, con muchos
movimientos, con la alternancia regular de la inspiración y la espiración. Podrá creerse que para llegar a ese lugar -el mismo al cual acceden los amantes que se aman de verdad- hace falta cierta disciplina “espiritual” o alguna ceremonia que hipnotice la mente. Craso error: no hay nada que lo logre, salvo prepararse para que suceda. Y eso es el Programa Azul: una preparación para lograrlo. Tal vez la pregunta sea, entonces, si lo que sucede es una cuestión del “cuerpo o del alma”. Es de ambos simultáneamente, porque no puede lograrse sin un acuerdo profundo de ambos lados del ser, sin cierta tensión muscular, sin respirar de verdad, sin asombro, sin esperanzas.
La sutileza china quiere que para lograr la paz mental necesaria se proceda concentradamente y desconcentradamente, ¡al mismo tiempo! Esto, que no es un simple juego de palabras, es de difícil comprensión porque ponemos en juego la única herramienta que nos parece válida para entender todo: la mente racional operando de manera lineal. Lao Tse decía que hay que manejar un imperio igual que se procede para asar un pescado: sin esfuerzo. No sin dedicación y responsabilidad: sin esfuerzo, naturalmente. Como sin darle demasiada importancia, ésa es la clave. Ésta es la razón por la cual la mayoría de los practicantes de estas disciplinas fracasa: ponen tanto empeño en “profundizar” que no logran nada, salvo enrollarse más intelectualizando lo que debe respirarse, “elaborando” lo que debe sentirse. Alan Watts cuenta que tenemos una dificultad básica para entender la cuestión del Yin y del Yang, que no es sino la dialéctica de la vida, la relación de identidad y antítesis que Marx y Reich “descubrieron” en la realidad (ya Hegel había dicho que la dialéctica no era un “método” para descubrir la realidad, sino que ésta es dialéctica). Estamos acostumbrados -opina Watts- a pensar las cosas en términos de polaridad excluyente: las cosas son lindas o feas, buenas o malas, justas o injustas. De manera que, conscientemente, elegimos lo que nos parece bueno, lindo y justo y excluimos lo que aparenta ser malo, feo e injusto. Con ese método tan primitivo, la realidad completa no tarda en aparecer rompiendo las ventanas y abriendo las puertas para desquiciar el esquema tan armadito que teníamos. Entonces nos sentimos frustrados y echamos la culpa a cualquier “cabeza de turco”. El Programa Azul propone hacer sin esfuerzo, sin pretensión de perfección, una serie de prácticas de respiración, movimiento y nutrición que sintetizan y articulan lo mejor de las disciplinas orientales y occidentales. La idea es equilibrar la energía (oriente) y mejorar la calidad de la materia (occidente). Por eso hay prácticas de respiración, gimnasia energética (Los Ejercicios de Seda), meditación, aerobismo (caminata, trote, ciclismo, natación), complementos (mancuernas), un programa de desintoxicación (La Escoba Metereta), información sobre nutrición y bellas lecturas. Tal vez, lo más difícil sea tomar la decisión de separar cincuenta o sesenta minutos diarios (en una sesión o fraccionada en dos) para desarrollar el programa, además de un encuentro grupal por semana que demandará unas dos horas de duración. Entonces llega el momento de hacer más precisiones.
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