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Programa Azul

6. ¿Salud?

Hay que recordar que el animal es un suceso y la vida movimiento, de manera que no se puede concebir a la salud como una meta a conquistar o un lugar adonde hay que llegar. Esto significa que la salud no es un concepto absoluto sino relativo a cada persona, grupo social y situación concreta. Y por lo tanto, más que una meta es un proceso de adaptación que oscila entre posibilidad y realidad. En este sentido la vida representa para los vivientes lo mismo que entienden los chinos por CRISIS: riesgo y oportunidad.

   

La salud y la enfermedad no son situaciones fijas e inmutables: son dos tendencias opuestas pero complementarias en el movimiento de la energía y la materia de cualquier organismo vivo.

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Para describir el estado de salud nos encontramos volando sobre un territorio casi inexplorado. Las definiciones oficiales casi no existen: aquí se demuestra la pobreza teórica de la medicina estándar. ¿ Qué puede decir esta medicina acerca de la salud como estamos considerándola ? Poco menos que nada; apenas que la glucemia -cantidad de glucosa en la sangre- debe oscilar entre ciertos valores o la tensión arterial entre tales otros, de acuerdo a consideraciones estadísticas

Estos datos tienen valor, pero sólo referidos a su concreto objetivo (cifras estadísticamente normales para glucemia y tensión arterial). Y tal cual corresponde a esta medicina de las partes, sólo hay una salud también por partes: la salud del aparato digestivo, la salud del sistema cardiovascular, etc.

Pero atención: en realidad esta medicina de especialidades no verifica la salud sino la ausencia de enfermedad, que no es lo mismo. Por eso es muy frecuente que un médico le diga a su paciente: “no le encuentro  nada (nada malo), de manera que usted no tiene nada (que yo encuentre), usted no está enfermo (en los aparatos que exploro) ”. No importa si esa persona sigue sintiéndose mal: para su médico no está enfermo y debe consultar con otros médicos o con un psicólogo, lo cual implica una velada apreciación de “locura” o simulación.

Si no fuera bastante trágico sería harto cómico. La escena es así: después de analizar los estudios pedidos (los médicos dependen cada vez más de los análisis y estudios por imágenes) el profesional mira al paciente y le informa que “no tiene nada” sintiendo ya la incomodidad de responder la inevitable pregunta que perfila la línea argumental de esta particular teatralización:

“¿ Entonces por qué tengo estos síntomas y me siento mal ?”. “Mire -carraspea el doctor- creo que le haría bien consultar a un psicólogo porque la cosa es de acá”, al tiempo que apoya el índice de la mano derecha en su propia frente un poco por encima de la sien y martilla pausadamente, como si eso fuera una gran y concluyente explicación.

¿ De dónde es ? ¿ De la cabeza ? ¿ Por qué no un neurólogo, entonces ? ¿ Por qué perderse la oportunidad de indicar electroencefalogramas y tomografías computadas de cerebro ? 
Tal vez, en algún lugar de la corteza cerebral ande perdido el síntoma que no tiene explicación... ¡ Es un procedimiento demasiado loco como para considerarlo en serio !

Buscar algo como una definición de salud en este entorno médico es perder el tiempo, por aquí no hay nada. Pero podemos intentar con lo que dice una autoridad mundial reconocida como la Organización Mundial de la Salud, que pertenece a las Naciones Unidas. Sus expertos aseguran que la salud es “un alto grado de bienestar físico, psíquico y social. Está muy bien que se acuerden de la sociedad, pero esta definición es bastante insustancial y parece el típico final de un proceso de negociación: deja contentos a todos pero no dice absolutamente nada.

Tampoco sirve para nuestro propósito, de manera que enfilaremos la nave en otra dirección o bucearemos en otras aguas, que viene a ser lo mismo.

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Es interesante escuchar lo que opina la macrobiótica sobre este asunto. Esta escuela es bastante más que una propuesta alimentaria y arriesga lo que llama “las características de la salud perfecta”. Sabemos que no hay nada perfecto, pero pasemos por alto ese detalle, al igual que algunas exageraciones tipo siempre o nunca, porque en las siguientes características hay consideraciones globales muy interesantes y valederas acerca de los síntomas de la salud:

1) Ausencia de fatiga
La fatiga es una consecuencia de las enfermedades y de las dolencias diversas. Un hombre sano nunca siente cansancio, está siempre dispuesto a enfrentar dificultades, resolver los problemas y las situaciones difíciles encarándolas valientemente, en un afán placentero para superarlas. Si presenta cansancio  en espalda y articulaciones o una especie de laxitud general después de un esfuerzo un poco mayor que de costumbre, su reserva de fuerzas es insuficiente.

2) Buen apetito  
Un buen apetito es en el fondo la propia salud. Una vida bien ordenada, un buen ejercicio físico e intelectual provocan un buen apetito y una satisfacción de buena ley para restaurarse. Todo parece delicioso cuando se posee un buen apetito y un estómago fuerte y sano. El apetito sexual y su natural satisfacción son también signos de una buena salud.

3) Sueño profundo  
Se debe caracterizar por un dormir apacible, sin ensueños ni inquietud, con un buen despertar y la sensación de un reposo reparador. Un máximo de seis horas es suficiente para la salud. Dormir demasiado no es bueno.

4) Buena memoria  
La facultad de recordar instantáneamente un suceso, un hecho, un nombre, etc., caracteriza un buen funcionamiento del cerebro, un buen estado de salud. Con los años debe desarrollarse más nuestra capacidad de memoria, que debe ser fuerte, precisa y correcta para que pueda el individuo gozar de un buen juicio. Nuestra buena salud está en relación directa con nuestros recuerdos de todo aquello que vemos y oímos. Cualquier falta de memoria es una señal de salud deficiente.

5) Buen humor  
El buen humor se caracteriza por una tendencia al optimismo, a la alegría de vivir, a la satisfacción en cualquier circunstancia. Hay aceptación para todas las cosas y sonrisa para la vida. La voz, la actitud, aún sus críticas, denotan en el hombre sano su buen humor.

6) Rapidez de raciocinio y de ejecución  
Un índice de buena salud es la facultad que tiene el individuo de tener un juicio rápido y seguro, calibrar en un instante el pro y el contra, obrar con decisión y precisión. La reacción inmediata es una expresión de libertad que le permite afrontar cualquier desafío, cualquier emergencia, cualquier eventualidad. La agilidad de los músculos, de las articulaciones, de la piel y de los reflejos es, juntamente con el juicio sano y equilibrado, una de las principales características del hombre libre y sano.

 

Interesante lo que aporta la macrobiótica. Es un aporte valioso porque opina sobre el hombre como “producto final”: en acción, viviendo, articulando la vida interior de las percepciones con su manifestación exterior. No aporta demasiado sobre la vida psíquica y emocional, pero es bastante claro en cuanto a las características de la salud que desarrolla, todas ellas innegables. Podrá decirse que faltan espacios de apreciación, pero los que están, funcionan muy bien como indicador de salud: pareciera que las personas que “actúan la vida” con las características mencionadas son personas sanas.

Pero aparecen otras cuestiones que tornan polémica esta última apreciación. Por ejemplo: ¿ qué es eso de la salud perfecta ?   La vida es un acontecimiento maravilloso, pero no es perfecta, simplemente es real, es lo dado, lo que podemos experimentar. Cuando un lector se pone a leer un folleto como éste, donde se propone un trabajo fundamentado en la concepción de la medicina energética, generalmente lo hace con una ilusión: mejorar su estado de salud. Es fácil, entonces, prometerle maravillas, alentarle su lado luminoso. Está bien: justamente el objetivo es desarrollar especialmente lo mejor de nuestra posibilidad, pero es casi deshonesto prometer salud perfecta o una existencia maravillosa a partir de poner en práctica un manual parecido a un libro de cocina.

“¡Ponga en práctica estos consejos y accederá a la felicidad, a la alegría, al bienestar!”  Es fácil prometer cuando se encuentra un público ávido de sentirse bien o simplemente mejor, pero es necesario erradicar falsas expectativas: no puede tenerse “una salud perfecta”, esto es pura abstracción.

De hecho la existencia de los seres vivos es una aventura riesgosa, difícil y nunca exenta de peligros y posibilidades de enfermar. Es parte de las reglas del juego y no queda otra posibilidad que aceptarlo. Hablo de aceptar, no de vivir temiéndola, lo cual impide ejercerla justamente porque no se la acepta.

La vida es imperfecta, olvidemos lo de la salud perfecta: es una trampa para evadirse de la realidad.

Sin embargo queremos estar más sanos. Aún aceptando las características de la salud que propone la macrobiótica, queda bastante más por decir.
 

Veamos qué piensa la orgonomía que fundó Wilhelm Reich acerca del tema, a ver si en este operativo volador que caracteriza a la exploración que hemos emprendido podemos aterrizar. O mejor: a ver si somos capaces de volar a la altura de la Tierra.                   

 Como esta joven ciencia se fundamenta en el estudio de la energía, los criterios de salud se basan en su libre fluir. El movimiento básico de la existencia es lo que se llama “pulsación biológica”, esa libre y natural alternancia caracterizada por la contracción y la expansión. Ejemplos claros son la inspiración y la expiración en la dinámica respiratoria o la relación entre sístole y diástole en la actividad cardíaca. También es factible verificar este movimiento básico de la vida observando un embrión por medio de una ecografía durante los primeros meses de su desarrollo: allí se nota con claridad esta característica de oleaje que tiene la vida, ese incesante ir y venir que se carga y se descarga rítmicamente.

Para la orgonomía ocurre lo mismo con un organismo entero -que considera un campo energético organizado- juzgando que son los impedimentos a su libre pulsación los responsables de la aparición de toda patología.               

Ahora encontramos un socio que nos ayuda a internarnos por este camino, el distinguido orgonomista Ola Raknes. Fue una de las personas más cercanas a Reich y de los que mejor entendió sus trabajos. No tuvo miedo en formular una definición de salud , y si es que lo tuvo supo arriesgar, lo cual mucho le agradecemos. Él describe esas características distinguiéndolas de acuerdo a criterios psicológicos y somáticos. Voy a citarlo textualmente desde la página 172 de la edición española de “Wilhelm Reich y la Orgonomía”:

“ Comienzo por los criterios psicológicos, dado que nuestra investigación se inició en el ámbito de la psicología y la psicoterapia:

1) Capacidad de completa concentración en cualquier trabajo, en una conversación, en una relación sexual. Sensación de unidad en el ser y en el actuar.

2) Capacidad de ser y sentirse en contacto consigo mismo y con los demás, con la naturaleza y con el arte, e incluso, con los instrumentos que se usan en nuestro trabajo. Se debe mencionar también la capacidad de recibir impresiones y de tener el coraje y la voluntad de permitir a los hechos dejar una huella en nosotros.

3) Ausencia de ansiedad cuando no hay peligro real; capacidad de reaccionar racionalmente en las situaciones peligrosas, cuando se entrevea allí también un importante objetivo racional.

4) Sensación duradera y profunda de bienestar y de fuerza, de la cual el individuo puede darse cuenta apenas preste atención (aún si está luchando contra dificultades o siente dolores físicos que no sean demasiado intensos). Entre las sensaciones de bienestar está la sensación de placer en los genitales durante la espiración.

"Ahora enumeraré algunos de los más importantes criterios somáticos de la libre pulsación del organismo. Comienzo con un criterio que es al mismo tiempo psíquico y somático, esto es:

1) El orgasmo, acompañado de pérdida momentánea de conciencia y convulsiones del cuerpo entero. Ocurre en intervalos bastante regulares que varían dependiendo del individuo y del tiempo.

2) El organismo entero tiene un buen tono; el aspecto corpóreo es elásticamente erecto, sin espasmos o calambres que alteren su armonía.

3) La piel es cálida y bien irrigada de sangre, el color es rosado o levemente bronceado, el sudor debe ser cálido.

4) Los músculos pueden pasar de la tensión a la relajación sin estar, ni crónicamente contraídos, ni flácidos. La peristalsis es fácil: no hay estreñimiento ni hemorroides.

5) La fisonomía o expresión facial es vivaz y móvil, nunca inmóvil como una máscara. Los ojos brillantes con rápida reacción pupilar, y las órbitas ni están hundidas, ni sobresalen.

6) Espiración profunda y completa con una pausa antes de la nueva inspiración, el movimiento torácico es libre y relajado.

7) El pulso regular, tranquilo y fuerte; la presión sanguínea es normal, ni demasiado alta ni demasiado baja.

8) Los glóbulos rojos están plenos, con la membrana periférica bien tensa (sin arrugas ni protuberancias); presentan un fuerte y amplio halo orgónico y se desintegran lentamente en biones gruesos, colocados en solución salina fisiológica.

9) Por último, hay un amplio y variable campo orgónico que circunda todo el organismo (aura).”

Nuestro amigo Raknes comenta, con la humildad que lo caracterizaba: “y añadiré por mi cuenta el tener un cierto espíritu de aventura”.

¡ Ya se va perfilando algo parecido a una persona humana funcionalmente sana !


 

Ahora podemos comprender bastante mejor en qué consiste la salud, algo ya muy alejado del monigote robotizado que “aprueba los exámenes” de los centros de diagnóstico. Esto último implica meramente “zafar” a nivel “máquina”,  lo cual tampoco significa un certificado de buena salud, como bien ejemplifican las historias de gentes que tuvieron un infarto después de aprobar sus exámenes cardiovasculares.

Tal vez se pregunten qué pasa con la descripción de cada uno de los órganos, por qué no se hace énfasis en este aspecto. Sin embargo esto no es cierto: la definición de salud que propone la orgonomía a través de Ola Raknes se acuerda de los órganos a través de sus expresiones funcionales más importantes: tono muscular, piel cálida, evacuación intestinal, ojos brillantes, espiración completa, movimiento torácico, pulso regular, tensión arterial normal y glóbulos rojos turgentes.  Y alude al conjunto del sistema vivo a través de los criterios psicológicos de salud y de algunos somáticos: orgasmo, elasticidad corporal y halo energético periférico.

 

Por otra parte hay una suerte de “comprobación por la eficiencia”: los criterios de salud recién expuestos, tanto los de la macrobiótica como los de la orgonomía, no podrían darse si cada uno de los órganos, aparatos y sistemas no fueran capaces de funcionar bien. Esto me recuerda al sistema de puntuación que estableció Kenneth Cooper en el desarrollo del aerobismo, como bautizó a su sistema de ejercitación física. Cuando comencé a leerlo no podía comprender o no me parecía aceptable su criterio para adjudicar un puntaje al rendimiento de la actividad aludida: trote, ciclismo, natación o algún deporte.

Cooper decía: “Si usted puede hacer 1600 metros en diez minutos tiene 5 puntos, pero si su tiempo es de cinco minutos, le corresponden 8 puntos. Si usted hace treinta puntos por semana, entonces su nivel físico es excelente, pero no tanto si sólo alcanza a quince puntos o menos”. Realmente me parecía demasiado dogmático y arbitrario, tanto como el ejemplo que acabo de inventar, hasta que empecé a hacer mi experiencia con el trote utilizando sus criterios: puntos de acuerdo a la relación entre tiempo y distancia.

Entonces me di cuenta que el asunto no era tanto cumplir los puntos con criterio escolar, sino ponerse en la condición física necesaria como para poder hacer un buen puntaje. Sólo con el adiestramiento logré hacer “buenos puntos”. No quiero referirme por ahora al aerobismo como sistema, mi intención es hacer notar que la eficiencia de un desempeño puede utilizarse para testear el estado del organismo, como se deduce de las definiciones de salud aquí expuestas. Es algo así como evaluar el estado de un árbol por la calidad de sus frutos y la belleza de sus flores. (“ Por sus frutos los conoceréis...” )


sigue a 7. Metodología

 

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